Una traición conocida

Escrito por agurinigo 30-01-2018 en #realsociedad. Comentarios (0)

Os contaré la historia de un futbolista que prometió amor eterno a unos colores. El jugador, que se ganó el corazón de sus fans en base a grandes titulares, que aseguró que se quedaría "a las duras y a las maduras", recibió una gran oferta. Económica (siempre), deportiva (a veces), personal (ocasionalmente lo utilizan como argumento). Y se fue. Y donde dijo "nunca" dijo "ahora". Se llama Asier Illarramendi. Se llama Aymeric Laporte. Se llama Fernando Llorente, Carlos Vela, Javi Martínez, Lorenzo Juarros, Antoine Griezmann o Claudio Bravo.

Iñigo Martínez ha firmado por el Athletic a cambio de 5 millones netos al año y previo pago de 32 millones a la Real, convirtiéndose en el segundo jugador más rentable en la historia del club txuri urdin. Prometió muchas cosas a los aficionados de la Real Sociedad. Se puso camisetas con eslogans un tanto irreales -no tenía segundo equipo, como Illarra que jugó en el Real Madrid, como Willian José, Carlos Vela o Gerónimo Rulli-. Juró nunca pasarse al bando contrario.

Pero la realidad conspira con las palabras bonitas. En cuanto Iñigo Martínez ha visto la oportunidad de crecer económicamente (aunque es cierto que el Athletic ha disputado competición europea en seis de las últimas siete temporadas, título y finales de copa y Europa League incluidas), ha abandonado el barco. Hay quien tira de frase efectista y dice que "como las ratas". Yo creo que como todos los futbolistas que reciben una oferta de 5 millones de euros y cuyos equipos equipos no pueden igualarla. El relato romántico (para quien quiera creérselo) pertenece a quienes no la han recibido. Y la responsabilidad de creérse esas palabras románticas en un fútbol absolutamente dominado por el dinero, es de cada uno.



La Real tiene muchos problemas en estos instantes. Cuenta con un entrenador testarudo que, según escucho, solo cambió de parecer en su ya marchita idea del tiki taka por petición de la Dirección Deportiva. Eusebio tiene fecha de caducidad, lo sabemos todos, incluso él. Sin embargo, no sé a qué esperan para dar la alternativa al siguiente entrenador, que será Imanol Alguacil.

La Real tiene carencias. Faltan dos centrocampistas -uno que dé respiro a Illarra y Prieto y otro el sustituto del capitán, que pronto, en uno o dos años, se retirará-. Falta un lateral izquierdo -no porque la apuesta por Kevin haya sido fallida, sino porque como le ocurrió al otrora denostado y posteriormente añorado Yuri, con los jóvenes hace falta un rodaje que cuesta tiempo-. Y ese tiempo no lo ganas con un Alberto de la Bella de vuelta de todo.

La Real tiene un problema porque su 9 suplente va a tener muchas dificultades para enlazar dos meses sin lesiones musculares tras un calvario físico -es un decir-.

La Real tiene un problema porque su portero titular (idolatrado por muchos pese a que ha intentado hacer lo mismo que Iñigo solo que sin pagar su cláusula y forzando al club a vender) es un coladero continuo.

La Real tiene un problema porque ha sumado 14 puntos en los últimos 18 partidos. Porque en estas circunstancias, la Europa League parece (ojalá me equivoque) un caramelo envenenado, máxime como se mantenga la situación liguera en el tiempo y el club avance rondas.

La Real tiene un problema porque si bien es cierto que previó la marcha de Iñigo fichando a Diego Llorente, no parece haber anticipado el movimiento del Athletic y, por lo tanto, su capacidad para fichar en este mercado invernal.

Y no veáis críticas a Loren. Tengo una opinión de Loren. Admito que basada en lo que veo desde fuera, porque no conozco cuál es su día a día. Pero no puedo obviar que Loren coge la Dirección Deportiva en Segunda y en Ley Concursal, y hoy la Real juega en Primera, con el banco lleno de millones, con un equipo infinitamente mejor que aquel del venerado Diego Rivas, Gerardo, Gorka Elustondo o Iñigo Díaz de Cerio, y con jugadores y entrenadores que se convirtieron en ídolos de la parroquia txuri urdin por sus clasificaciones para Europa y Champions. Me refiero a Philippe Montanier, Carlos Vela, Willian José, Juanmi el héroe del sexto puesto, Yuri Berchiche (y canteranos que subieron bajo su decisión, porque es el DD quien decide qué jugadores suben y qué jugadores no suben a la primera plantilla).

Pero sigo. La Real tiene un problema porque Jokin Aperribay, cuyos primeros cuatro años en la Real fueron una exhibición, ha caído en la humana costumbre de perpetuarse en el poder y sentir que algo que no le pertenece realmente le pertenece. Todo sabemos que hay en el club algún que otro puesto ocupado por personas amigas del presidente y esa no era la actitud de un temeroso -y con lógica, poque vaya energúmenos- Aperribay en aquella Junta para el olvido en la que tuvo que salir escoltado por la Ertzaintza. 


De todas formas, y por terminar. Lo único que quería decir, al margen de señalar los verdaderos problemas de la Real, es que los futbolistas se mueven por intereses. Y os hacen creer cosas que no son capaces de cumplir. Si tras las marchas de Asier Illarramendi primero e Iñigo Martínez después no hemos aprendido que el amor eterno a los colores no existe, que otros "guardianes del sentimiento txuri urdin" lo seguirán siendo porque nunca recibieron ofertas de 5 millones netos, que los eslóganes del "no tengo segundo equipo" buscan tocar la fibra del aficionado a costa de una gran farsa (la de los propios jugadores), volverá a pasar.

Y mientras tanto, me parece sensato pedir cordura y recordar que insultar es feo, también a un jugador que se va. Leía hoy tweets que apelaban al daño que hace en los niños el gesto de Iñigo de marcharse al Athletic. Algunos de esos tweets iban acompañados de palabras dedicadas a la madre del futbolista de Ondarroa. En fin, yo creía que la educación era precisamente relativizar cosa del fútbol y, cuando no se pueden relativizar, evitar que deriven en injurias. Pero es solo mi opinión. Hace tiempo que me tomo el fútbol como un entretenidísimo pasatiempo y ni sufro ni padezco. Básicamente porque un día vi un fubtolista que salió corriendo de un partido para irse a un concierto, adujo una enfermedad para no ir a trabajar, fue apartado del equipo y tres días después portó el brazalete de capitán. Ese jugador, recientemente vitoreado por la grada (se ha ido a USA, no es exactamente el crecimiento deportivo del que algunos hablan pese a que no dudo que la familia ha jugado una parte importante, así como el dinero), con el que he coincidido muchas veces y con quien siempre he tenido buena relación pese a los palos, me demostró que esto es un negocio. Que no merece la pena tomarse algo que los propios protagonistas no se toman en serio. Y que como aquí estamos para disfrutar, ¿para qué nos vamos a amargar?